Tasas de supervivencia del cáncer de hígado

Tasa de Supervivencia del Cáncer de Hígado Las tasas de supervivencia proporcionan una idea del porcentaje de personas con el mismo tipo y etapa de cáncer que siguen vivas durante cierto tiempo (generalmente 5 años) después del diagnóstico. Estas tasas no pueden indicar cuánto tiempo usted vivirá, pero pueden ayudarle a tener un mejor entendimiento de cuán probable es que su tratamiento sea eficaz. Tenga en cuenta que las tasas de supervivencia son cálculos que a menudo se basan en los resultados previos de un gran número de personas que padecieron un cáncer específico; sin embargo, no pueden predecir lo que sucederá en el caso particular de una persona. Estas estadísticas pueden ser confusas y pueden ocasionar que tenga más preguntas. Hable con su médico para saber cómo puede que estas estadísticas se apliquen a usted, ya que él o ella está familiarizado con su situación. ¿Qué es tasa relativa de supervivencia a 5 años? Una tasa relativa de supervivencia compara a las personas que tienen el mismo tipo y etapa de cáncer de hígado con las personas en la población general. Por ejemplo, si la tasa relativa de supervivencia a 5 años para una etapa específica de cáncer de hígado es 30%, esto significa que las personas que padecen ese cáncer tienen, en promedio, alrededor de 30% de probabilidades, en comparación con las personas que no padecen ese cáncer, de vivir al menos 5 años después de recibir el diagnostico. ¿De dónde provienen estos porcentajes? La Sociedad Americana Contra El Cáncer obtiene la información de la base de datos del Programa de Vigilancia, Epidemiología y Resultados Finales (SEER*), mantenida por el Instituto Nacional del Cáncer (NCI), para proporcionar estadísticas de supervivencia para diferentes tipos de cáncer. La base de datos de SEER lleva un registro de las tasas relativas de supervivencia a 5 años para el cáncer de hígado, basándose en cuán lejos se ha propagado el cáncer. Sin embargo, la base de datos de SEER no agrupa a los cánceres según el sistema de estadificación TNM del AJCC (etapa 1, etapa 2, etapa 3, etc.). En cambio, divide a los grupos de cánceres en etapas localizadas, regionales y distantes: Localizado: no hay signos de que el cáncer se haya propagado fuera del hígado. Esto incluye a los cánceres en etapas I, II y algunos en etapa III del AJCC. Esto incluye a una amplia variedad de cánceres, algunos de los cuales son más fáciles de tratar que otros. Regional: el cáncer se ha propagado fuera del hígado hacia estructuras o ganglios linfáticos cercanos. Esto incluye a algunos cánceres que están en etapa III, así como cánceres en etapa IVA del sistema AJCC. Distante: el cáncer se ha propagado a partes distantes del cuerpo, como a los pulmones o a los huesos. Esto incluye a cánceres en etapa IVB. Tasas relativas de supervivencia a 5 años del cáncer de hígado Cifras en base a personas diagnosticadas con cáncer de hígado (o intrahepático de los conductos biliares) entre 2012 y 2018. Etapa SEER Tasa relativa de supervivencia a 5 años Localizado 36% Regional 13% Distante 3% Todas las etapas SEER combinadas 21% *SEER = Vigilancia, Epidemiología y Resultados Finales. En general, las tasas de supervivencia son mayores para las personas que pueden someterse a cirugía para remover sus cánceres, independientemente de la etapa. Por ejemplo, los estudios han demostrado que los pacientes con pequeños tumores resecables (que se pueden extraer) que no presentan cirrosis u otros problemas graves de salud, tienen una probabilidad de responder bien si sus cánceres son extraídos. Para las personas con cánceres de hígado en etapa inicial que se someten a un trasplante de hígado, la tasa de supervivencia a 5 años se encuentra entre 60% y 70%. Cómo entender los porcentajes. Las personas que en la actualidad reciben un diagnóstico de cáncer de hígado pueden tener un mejor pronóstico de lo que muestran estos porcentajes. Los tratamientos han mejorado con el pasar del tiempo, y estos porcentajes se basan en personas que fueron diagnosticadas y tratadas al menos cinco años antes. Estos porcentajes se aplican solo a la etapa del cáncer cuando se hizo el diagnóstico por primera vez. No se aplican más adelante si el cáncer crece, se propaga o regresa después del tratamiento. Al calcular estos porcentajes, no se tomaron en cuenta todos los factores. Las tasas de supervivencia se agrupan en función de cuán lejos se ha propagado el cáncer, pero su edad, su salud en general, qué tan bien responda al tratamiento contra el cáncer, y otros factores también pueden afectar su pronóstico. ¿Te gustaría saber si tú o un familiar puede ser candidato a nuestro tratamiento para el Cáncer de Hígado? Más información

Tratamiento del cáncer de hígado

Tratamiento para el Cáncer de Hígado Existen muchas opciones derramamientos para el Cáncer de Hígado. En este artículos vamos a explorar algunas de ellas. Ablación para el cáncer de hígado. La ablación destruye el tumor del hígado sin extirparlo.  Es una opción importante para las personas en las que han fallado la quimioterapia o la radioterapia o que no son candidatos a cirugía.   La ablación se emplea mejor para tumores que miden menos de 3 cm de ancho (un poco más de una pulgada). Para tumores que miden un poco más (de 1 a 2 pulgadas, o de 3 a 5 cm de ancho), se puede usar junto con la embolización. Debido a que la ablación a menudo destruye algo del tejido normal que rodea el tumor, puede que ésta no sea una buena opción para tratar los tumores cercanos a los principales vasos sanguíneos, al diafragma, o a las vías biliares principales. Las personas que reciben este tipo de tratamiento por lo general no necesitan hospitalización. A menudo, la ablación se puede hacer sin cirugía mediante una aguja o una sonda insertada en el tumor a través de la piel. La aguja o sonda es guiada hacia el lugar usando una ecografía o una CT. A veces, sin embargo, para asegurarse de que el tratamiento está dirigido al lugar correcto, la ablación se puede hacer en el quirófano bajo anestesia general y puede necesitarse una incisión (corte) como la de una hepatectomía parcial. Ablación por radiofrecuencia. La ablación por radiofrecuencia es uno de los métodos de ablación más comunes para los tumores pequeños. Utiliza ondas de radio de alta energía. El médico inserta una sonda delgada parecida a una aguja en el tumor a través de la piel. Entonces se pasa una corriente eléctrica de alta frecuencia a través del extremo de la sonda, lo que calienta el tumor y destruye las células cancerosas. https://www.youtube.com/watch?v=LA5Kwes1v_A Ablación por microondas.  La ablación por microondas utiliza la energía de las ondas electromagnéticas para calentar y destruir el tumor usando una sonda. Esta técnica se realiza a través de una pequeña incisión en la piel y se puede realizar con anestesia local o general, dependiendo del caso. La ablación por microondas se considera una opción de tratamiento efectiva para tumores pequeños o en etapas iniciales, y puede ser utilizada en pacientes que no son candidatos para la cirugía o en combinación con otros tratamientos. La ablación por microondas ha demostrado ser una opción de tratamiento segura y eficaz para el cáncer de hígado en México y en otros países. Los estudios clínicos han mostrado tasas de éxito en la destrucción del tumor de hasta el 90%, con tasas de recurrencia bajos en comparación con otros métodos de tratamiento. Además, la ablación por microondas suele tener menos efectos secundarios y una recuperación más rápida en comparación con la cirugía y otros procedimientos invasivos. Sin embargo, es importante tener en cuenta que la ablación por microondas puede no ser adecuada para todos los casos de cáncer de hígado. La selección del tratamiento adecuado debe basarse en la etapa y características del tumor, la salud general del paciente y la evaluación clínica del equipo médico especializado. https://www.youtube.com/watch?v=iLqoxN2htA4 Crioablación. La crioablación destruye un tumor mediante congelación usando una sonda de metal delgada. La sonda se guía hacia el tumor y luego se pasan gases muy fríos a través de la sonda para congelar el tumor, lo que provoca la muerte de las células cancerosas. Es importante destacar que el éxito de las técnicas de ablación de tumores en el tratamiento del cáncer de hígado en México también depende del diagnóstico temprano y de la selección adecuada de los pacientes candidatos a estas terapias. La evaluación integral del paciente, incluyendo su estado de salud general, el tamaño y la ubicación del tumor, y la etapa del cáncer, son factores importantes a considerar para determinar la mejor opción terapéutica. Crioablación para el tratamiento de tumores primarios de hígado y metástasis hepáticas. https://www.youtube.com/watch?v=7EcYenaLg7s Cirugía para el cáncer de hígado. La mejor opción para curar el cáncer de hígado consiste en una resección quirúrgica (extirpación del tumor con cirugía) o un trasplante de hígado. Si la extirpación de todo el cáncer en el hígado es finalizada, usted tendrá el mejor pronóstico. Los cánceres de hígado pequeños también se pueden curar con otros tipos de tratamiento, como la ablación o la radiación.    Hepatectomía parcial. Una hepatectomía parcial es una cirugía para extraer el hígado por completo. Solo las personas con buena función hepática que están lo suficientemente sanos como para la cirugía y que tienen un solo tumor que no ha crecido en los vasos sanguíneos puede someterse a esta operación.   Primero se realizan estudios por imágenes, como CT o MRI con angiografía, para ver si el cáncer se puede extraer completamente. Aun así, algunas veces se descubre durante la cirugía que el cáncer es demasiado grande o se ha propagado muy lejos como para extraerlo de modo que la cirugía planeada no se puede llevar a cabo.   En alguien con cirrosis grave, la extirpación de incluso una pequeña cantidad de tejido del hígado en los bordes de un cáncer podría no dejar suficiente hígado como para desempeñar las funciones importantes.   Normalmente, las personas con cirrosis son candidatas para la cirugía cuando tienen un tumor único (que no ha crecido en los vasos sanguíneos) y cuando se estima que seguirán teniendo una cantidad razonable de función hepática (al menos 30%) después de la extirpación del tumor.   Los médicos a menudo evalúan esta función al asignar la puntuación “Child-Pugh, que mide la cirrosis según ciertas pruebas de laboratorio y síntomas. Los pacientes en clase A de la puntuación Child-Pugh tienen más probabilidad de tener suficiente función hepática para someterse a una cirugía. Los pacientes en clase B tienen menos probabilidad de poder someterse a cirugía. Por lo general, la cirugía no es una opción para pacientes en clase C.   Posibles riesgos y efectos secundarios. La resección del hígado es una operación

Etapas del cáncer de hígado

Etapas del Cáncer de Hígado Después del diagnóstico de cáncer hígado, los médicos tratarán de averiguar si el cáncer se ha propagado y si es así, a qué distancia. Este proceso se llama estadificación (o determinación de la etapa). La etapa (estadio) de un cáncer describe cuánto cáncer hay en el cuerpo, y ayuda a determinar qué tan grave es el cáncer, así como la mejor manera de tratarlo. Los médicos también usan la etapa del cáncer cuando hablan sobre estadísticas de supervivencia. Las etapas del cáncer de hígado van desde la etapa I (1) a IV (4). Por regla general, mientras más bajo sea el número, menos se ha propagado el cáncer. Un número más alto, como la etapa IV, significa una mayor propagación del cáncer. Si bien la experiencia del cáncer de cada persona es única, los cánceres con etapas similares suelen tener un pronóstico similar, y a menudo son tratados de manera muy similar.   ¿Cómo se determina la etapa? Existen varios sistemas de clasificación por etapas para el cáncer de hígado, y no todos los médicos utilizan el mismo sistema. El sistema de estadificación que se emplea con más frecuencia en los Estados Unidos para el cáncer de hígado es el sistema TNM del American Joint Committee on Cancer (AJCC) que se basa en tres piezas clave de información: La extensión (tamaño) del tumor (T): ¿Qué tan grande ha crecido el cáncer? ¿Hay más de un tumor en el hígado? ¿Ha alcanzado el cáncer las estructuras cercanas, como las venas en el hígado? La propagación a los ganglios (nódulos) linfáticos adyacentes (N): ¿Se ha propagado el cáncer a los ganglios linfáticos adyacentes?  La propagación (metástasis) a sitios distantes (M): ¿Se ha propagado el cáncer a ganglios linfáticos distantes o a órganos distantes como los huesos o los pulmones?   El sistema descrito a continuación es el sistema AJCC más reciente, en vigor desde enero de 2018. Los números y las letras después de la T, N y M proporcionan más detalles sobre cada uno de estos factores. Los números más altos significan que el cáncer está más avanzado. Una vez que se han determinado las categorías T, N y M de una persona, esta información se combina en un proceso llamado agrupación por etapas para asignar una etapa general.    Por lo general, la etapa del cáncer de hígado se determina según los resultados del examen médico, las biopsias, y los estudios por imágenes (ecografía, CT o MRI, etc.), también llamada etapa clínica. Si se realiza una cirugía, la etapa patológica (también llamada la etapa quirúrgica), se determina mediante el examen del tejido extirpado durante una operación. La estadificación del cáncer puede resultar compleja, por lo tanto, pídale a su médico que se la explique de una manera que usted pueda entender. Etapa AJCC Agrupación por Etapas Descripción de la etapa* IA T1a N0 M0 Un solo tumor de 2 cm (4/5 de pulgada) o de menor tamaño que no ha crecido hacia los vasos sanguíneos (T1a). No se ha propagado a los ganglios linfáticos adyacentes (N0), ni a sitios distantes (M0). IB T1b N0 M0 Un solo tumor que mide más de 2cm (4/5 de pulgada) y que no ha crecido hacia los vasos sanguíneos (T1b). El cáncer no se ha propagado a los ganglios linfáticos adyacentes (N0) ni a sitios distantes (M0). II T2 N0 M0 Un solo tumor que mide más de 2 cm (4/5 de pulgada) y que ha crecido hacia los vasos sanguíneos, O más de un tumor sin que ninguno mida más de 5 cm (aproximadamente 2 pulgadas) de ancho (T2). No se ha propagado a los ganglios linfáticos adyacentes (N0), ni a sitios distantes (M0). IIIA T3 N0 M0 Más de un tumor, con al menos uno que mide más de 5 cm de ancho (T3). No se ha propagado a los ganglios linfáticos adyacentes (N0), ni a sitios distantes (M0). IIIB T4 N0 M0 Hay al menos un tumor (de cualquier tamaño) que ha crecido hacia una rama principal de una vena grande del hígado (vena hepática o la vena porta) (T4). No se ha propagado a los ganglios linfáticos adyacentes (N0), ni a sitios distantes (M0). IVA Cualquier T N1 M0 Un solo tumor o muchos tumores de cualquier tamaño (Cualquier T) que se ha propagado a los ganglios linfáticos adyacentes (N1), pero no a sitios distantes (M0). IVB Cualquier T Cualquier N M1 Un solo tumor o muchos tumores de cualquier tamaño (Cualquier T). Puede o no haberse propagado a los ganglios linfáticos adyacentes (cualquier N). El cáncer se ha propagado a órganos distantes como los huesos o los pulmones (M1). *Las siguientes categorías adicionales no se enumeran en la tabla anterior  TX: no se puede evaluar el tumor principal debido a falta de información. T0: no hay evidencia de un tumor primario. NX: no se pueden evaluar los ganglios linfáticos regionales debido a falta de información.  Otros sistemas de estadificación del cáncer de hígado. Los sistemas de clasificación para la mayoría de los tipos de cáncer dependen únicamente de la extensión de la enfermedad. Sin embargo, el cáncer de hígado es complicado por el hecho de que, además del cáncer, la mayoría de los pacientes presentan daño al resto del hígado. Esto también afecta las opciones de tratamiento y el pronóstico de supervivencia. Aunque el sistema TNM define la extensión del cáncer de hígado con cierto detalle, no toma en consideración la función hepática. Se han desarrollado otros sistemas de estadificación que incluyen ambos factores: El sistema “Barcelona-Clinic Liver Cancer” (BCLC). El sistema “Cancer of the Liver Italian Program” (CLIP). El sistema Okuda. Estos sistemas de estadificación no han sido comparados entre sí. Algunos se usan más que otros en diferentes partes del mundo, aunque actualmente no existe un solo sistema de estadificación utilizado por todos los médicos.  Puntuación “Child-Pugh” (sistema de clasificación de la cirrosis). La puntuación “Child-Pugh” mide la función hepática, especialmente en personas con cirrosis. Muchas personas con cáncer de hígado también tienen cirrosis, y para poder tratar el cáncer, los médicos necesitan saber cuán bien funciona el hígado. Este sistema

Diagnóstico del cáncer de hígado

Diagnóstico del Cáncer de Hígado Algunos cánceres de hígado se pueden detectar mediante pruebas que se realizan en personas con alto riesgo y que no presentan síntomas, pero la mayoría de los cánceres hepáticos se detectan porque están causando síntomas. Si presenta posibles signos o síntomas de cáncer de hígado, usted debe consultar con su doctor, quien lo examinará y podría solicitar algunas pruebas.   Antecedentes médicos y exploración física  Su médico le preguntará acerca de su historial clínico para conocer más sobre sus síntomas y posibles factores de riesgo. Además, su médico hará un examen para detectar signos de cáncer de hígado y otros problemas médicos, probablemente prestará atención especial a su abdomen y examinará su piel y la parte blanca de sus ojos para saber si presenta ictericia (color amarillento). Si los síntomas y/o los resultados del examen físico sugieren que usted pudiera tener cáncer de hígado, probablemente se realizarán más pruebas. Estas pruebas pueden incluir estudios por imágenes, análisis de laboratorio y/o biopsias del tejido hepático.   Estudios por imágenes Los estudios por imágenes utilizan rayos X, campos magnéticos u ondas sonoras para obtener imágenes del interior de su cuerpo. Los estudios por imágenes se pueden hacer por varias razones tanto antes como después del diagnóstico de cáncer de hígado. Estas razones incluyen: Encontrar áreas sospechosas que podrían ser cancerosas Para ayudar a un médico a guiar una aguja de biopsia en un área sospechosa con el fin de tomar una muestra Saber cuán lejos se podría haber propagado el cáncer Para ayudar a guiar ciertos tratamientos en el hígado Ayudar a determinar si el tratamiento es eficaz Detectar posibles signos del cáncer que regresa después del tratamiento   Ecografía (ultrasonido). Con frecuencia, la ecografía es el primer estudio que se emplea para examinar el hígado. Este estudio usa ondas sonoras para crear una imagen en una pantalla de computadora. Puede mostrar tumores que están creciendo en el hígado, y entonces se pueden realizar pruebas para saber si son cancerosas, si es necesario.   Tomografía computarizada.  La tomografía computarizada (CT) es un estudio de radiografía que produce imágenes detalladas de su cuerpo. Una CT del abdomen puede ayudar a encontrar muchos tipos de tumores del hígado. Puede proporcionar información específica sobre el tamaño, forma y localización de cualquier tumor que se encuentre en el hígado o en cualquier lugar en el abdomen, así como de los vasos sanguíneos adyacentes. Las tomografías computarizadas se usan también para guiar con precisión una aguja de biopsia a las áreas en las que se sospecha que hay un tumor (biopsia con aguja guiada por tomografía computarizada). Si resulta que usted tiene cáncer de hígado, se puede hacer también una CT del tórax para detectar una posible propagación del cáncer a los pulmones.   Imágenes por resonancia magnética. Al igual que la tomografía computarizada (CT), las imágenes por resonancia magnética (MRI) proveen imágenes detalladas de los tejidos blandos del cuerpo. Sin embargo, la MRI utiliza ondas de radio e imanes potentes en lugar de rayos X. Las imágenes por resonancia magnética pueden ser muy útiles para observar los tumores de hígado. En ocasiones, se puede distinguir un tumor benigno de uno maligno. También se pueden usar para examinar los vasos sanguíneos que están en o alrededor del hígado para saber si hay alguna obstrucción, y pueden ayudar a mostrar si el cáncer de hígado se ha propagado a otras partes del cuerpo.   Angiografía. Una angiografía es un estudio radiológico para examinar los vasos sanguíneos. Se inyecta un medio de contraste o tinte en una arteria para delinear los vasos sanguíneos mientras se toman las radiografías. La angiografía se puede usar para mostrar las arterias que suplen sangre a un cáncer de hígado, lo que puede ayudar a los médicos a decidir si un cáncer se puede remover y a ayudar a planear la operación. Además, se puede usar para ayudar a guiar algunos tipos de tratamientos no quirúrgicos, como la embolización.   La angiografía puede causar molestias porque se tiene que insertar un pequeño catéter (un tubo hueco y flexible) en la arteria que conduce al hígado para inyectar el tinte. Por lo general, el catéter se coloca en una arteria en su ingle y se guía hasta la arteria del hígado. Usted necesitará permanecer inmóvil mientras se coloca el catéter. Se suele administrar un anestésico local para adormecer el área antes de insertar el catéter. Luego se inyecta rápidamente el colorante para delinear todos los vasos mientras se toman las radiografías. Además, la angiografía se puede hacer con un explorador de CT (angiografía por CT) o un explorador MRI (angiografía por MR). Estas técnicas se usan a menudo en lugar de la angiografía por rayos X porque pueden proveer información sobre los vasos sanguíneos en el hígado sin la necesidad de un catéter en la ingle. Usted necesitará una vía intravenosa en su brazo para que la sustancia de contraste pueda ser inyectada en la sangre durante el estudio.   Gammagrafía ósea. Una gammagrafía ósea puede ayudar a encontrar el cáncer que se ha propagado a los huesos (metástasis). Por lo general, los médicos no ordenan este estudio para personas con cáncer de hígado a menos que haya síntomas, tal como dolor de hueso, o si existe una probabilidad de que usted reúna las condiciones para un trasplante de hígado para tratar su cáncer.         Otras pruebas y procedimientos. Se pueden ordenar otros tipos de pruebas si su médico cree que usted podría tener cáncer de hígado, pero los resultados de los estudios por imágenes no son concluyentes.   Biopsia. Una biopsia consiste en extraer una muestra de tejido para saber si es cáncer. Algunas veces, la única manera de confirmar la presencia de cáncer de hígado es hacer una biopsia y examinar la muestra en el laboratorio de patología. Sin embargo, en algunos casos los médicos pueden estar bastante seguros de que una persona tiene cáncer de hígado basándose en los resultados de los estudios por imágenes, como una CT y una MRI.

Signos y síntomas del cáncer de hígado

Signos y Síntomas del Cáncer de Hígado  Si presenta uno o más de los síntomas que se mencionan a continuación, eso no significa que usted tenga cáncer de hígado. De hecho, es más probable que muchos de estos síntomas sean causados por otras afecciones. No obstante, si presenta cualquiera de estos síntomas, es importante que un médico le haga un examen para saber la causa de sus síntomas y recibir tratamiento de ser necesario.   A menudo, los signos y síntomas del cáncer de hígado no aparecen sino hasta que la enfermedad se encuentra en etapas más avanzadas, aunque a veces pueden presentarse más temprano. Si acude al médico cuando comienza a notar los síntomas, es posible que el cáncer se diagnostique más temprano, cuando es más probable que el tratamiento sea útil.   Algunos de los síntomas más comunes del cáncer de hígado son: Pérdida de peso (sin tratar de bajar de peso) Pérdida del apetito Sensación de llenura tras comer poco Náuseas o vómitos Un agrandamiento del hígado (llenura debajo de las costillas del lado derecho) Un agrandamiento del bazo (llenura debajo de las costillas del lado izquierdo) Dolor en el abdomen (vientre) o cerca del omóplato derecho Hinchazón o acumulación de líquido en el abdomen Picazón Coloración amarillenta de la piel y los ojos (ictericia)   Otros síntomas pueden incluir fiebre, venas agrandadas en el abdomen que se pueden observar a través de la piel, y sangrado o moretones anormales.   Las personas que tienen hepatitis crónica o cirrosis pueden sentirse peor de lo habitual o solo presentar cambios en los resultados de los análisis de laboratorio, como en las pruebas para evaluar la función del hígado o para medir los niveles de alfafetoproteína (AFP). Algunos tumores del hígado producen hormonas que actúan en otros órganos aparte del hígado. Estas hormonas pueden causar:   Altos niveles de calcio en la sangre (hipercalcemia), lo que puede causar nausea, confusión, estreñimiento, debilidad o problemas musculares Bajos niveles de azúcar en la sangre (hipoglucemia), lo que puede causar cansancio o debilidad Aumento del tamaño de los senos (ginecomastia) y/o reducción del tamaño de los testículos en los hombres Altos niveles de glóbulos rojos (eritrocitosis), lo que puede causar enrojecimiento y sensación de rubor Altos niveles de colesterol ¿Te gustaría saber si tú o un familiar puede ser candidato a nuestro tratamiento para el Cáncer de Hígado? Más información

Prevención del cáncer de hígado

Prevención del Cáncer de Hígado Muchos cánceres de hígado podrían prevenirse al reducir la exposición a factores de riesgo conocidos para esta enfermedad. Evitar y tratar las infecciones por hepatitis B y C. En todo el mundo, el factor de riesgo más significativo para el cáncer de hígado es la infección crónica con el virus de la hepatitis B (HBV) y el virus de la hepatitis C (HCV). Estos virus se pueden propagar de una persona a otra cuando se comparten agujas contaminadas (por ejemplo, entre usuarios de drogas), se tiene sexo sin protección, y durante el nacimiento. Por lo tanto, algunos cánceres de hígado podrían evitarse si no se intercambian agujas y si se adoptan prácticas sexuales más seguras (como usar siempre condones).  En el pasado, las transfusiones de sangre también eran una fuente principal de infección por hepatitis. En la actualidad, el riesgo de contraer una infección por hepatitis mediante una transfusión de sangre es extremadamente bajo. Se les debe hacer pruebas a las personas en alto riesgo de HBV o HCV para determinar si tienen estas infecciones, de tal manera que se pueda vigilar en ellas el desarrollado de una enfermedad del hígado, y ser tratada si es necesario. El tratamiento de la infección crónica por el HCV puede eliminar el virus en muchas personas y puede disminuir el riesgo de padecer cáncer de hígado. Se usan varios medicamentos para tratar la HBV crónica. Estos medicamentos reducen el número de virus en la sangre y disminuyen el daño al hígado. Aunque los medicamentos no curan la enfermedad, estos reducen el riesgo de cirrosis y pueden también disminuir el riesgo de cáncer de hígado.   Alcohol y tabaco. El consumo de alcohol puede ocasionar cirrosis, lo que a su vez puede dar lugar a cáncer de hígado. Evitar el alcohol o consumir alcohol con moderación podría ayudar a prevenir el cáncer de hígado. Debido a que el fumar también aumenta el riesgo de cáncer de hígado, dejar de fumar también prevendrá algunos de estos cánceres. Si fuma, dejar el hábito ayudará a reducir su riesgo de este cáncer, así como de muchos otros cánceres y enfermedades que pueden amenazar la vida.   Lograr y mantener un peso saludable. Evitar la obesidad podría ser otra manera de ayudar a protegerse contra el cáncer de hígado. Las personas que son obesas tienen más probabilidad de padecer enfermedad de hígado graso y diabetes, afecciones que han sido asociadas al cáncer de hígado.   Limitar la exposición de químicos que causan cáncer. El cambiar la manera en que se almacenan ciertos granos en los países tropicales y subtropicales puede reducir la exposición a las sustancias causantes de cáncer como las aflatoxinas. Muchos países desarrollados ya tienen leyes para prevenir y vigilar la contaminación de los granos.   Tratar enfermedades que aumentan el riesgo del cáncer de hígado. Ciertas enfermedades hereditarias pueden causar cirrosis hepática y aumentar el riesgo de una persona de padecer cáncer de hígado. El detectar y tratar estas enfermedades a tiempo en la vida puede reducir este riesgo. Por ejemplo, a todos los niños en familias con hemocromatosis se les deben hacer las pruebas para detectar la enfermedad y tratarla si la padecen. Como parte del tratamiento se extraen regularmente pequeñas cantidades de sangre para reducir la cantidad excesiva de hierro en el cuerpo.

Factores de riesgo del cáncer de hígado

Factores de Riesgo del Cáncer de Hígado Factores de riesgo y prevención. Un factor de riesgo es todo aquello que afecta la probabilidad de que usted padezca una enfermedad, como por ejemplo el cáncer. Los distintos tipos de cáncer tienen diferentes factores de riesgo. Algunos factores de riesgo, como el fumar, pueden cambiarse. Otros, como la edad de la persona o sus antecedentes familiares, no se pueden cambiar. No obstante, el tener un factor de riesgo, o incluso varios factores, no significa que usted padecerá la enfermedad. Además, algunas personas que padecen la enfermedad puede que hayan tenido pocos o ninguno de los factores de riesgo conocidos.   Factores que pueden aumentar su riesgo de padecer cáncer de hígado. Varios factores pueden aumentar las probabilidades de que una persona padezca un carcinoma hepatocelular (HCC).   Incidencia según el sexo. El carcinoma hepatocelular es mucho más común en los hombres que en las mujeres. Gran parte de esto se debe probablemente a comportamientos que afectan a algunos de los factores de riesgo descritos más adelante. El subtipo de HCC fibrolamelar es más común en las mujeres.   Raza/grupo étnico. En los Estados Unidos, los estadounidenses de raza oriental y los isleños del Pacífico tienen las tasas más altas de cáncer de hígado, seguidos por los hispanos/latinos, los indios estadounidenses/oriundos de Alaska, y los estadounidenses de raza negra.   Hepatitis viral crónica. A escala mundial, el factor de riesgo más común del cáncer de hígado es la infección crónica (a largo plazo) con el virus de la hepatitis B (HBV) o el virus de la hepatitis C (HCV). Estas infecciones causan cirrosis del hígado y son las responsables de que el cáncer de hígado sea el tipo de cáncer más común en muchas partes del mundo. En los Estados Unidos, las infecciones con hepatitis C es la causa más común de cáncer hepatocelular, mientras que en Asia y en los países en desarrollo, la hepatitis B es más común. Las personas infectadas con ambos virus tienen un alto riesgo de padecer hepatitis crónica, cirrosis y cáncer de hígado. El riesgo es aún mayor si consumen bebidas alcohólicas en exceso (por lo menos seis bebidas alcohólicas al día).  El HBV y el HCV se pueden propagar de persona a persona por compartir agujas contaminadas (entre usuarios de drogas), sexo sin protección, o durante el nacimiento. También pueden ser transmitidos a través de transfusiones de sangre, aunque esto ha ocurrido muy pocas veces en los Estados Unidos desde que se realizan pruebas para detectar estos virus en los productos sanguíneos. En los países en desarrollo, los niños algunas veces contraen infecciones de hepatitis B debido al contacto prolongado con familiares que están infectados. El HBV es más probable que cause síntomas, como enfermedades parecidas a la influenza (gripe), e ictericia (una pigmentación amarilla de los ojos y la piel). No obstante, la mayoría de las personas se recuperan completamente de la infección por HBV dentro de pocos meses. Sólo un porcentaje muy pequeño de adultos se vuelve portadores crónicos (y tienen un riesgo mayor de cáncer de hígado). Los infantes y los niños de corta edad que resultan infectados tienen un mayor riesgo de volverse portadores crónicos. Por otro lado, es menos probable que el HCV cause síntomas. Sin embargo, la mayoría de las personas con HCV contraen infecciones crónicas, las cuales tienen más probabilidad de causar daño hepático o incluso cáncer. Otros virus también pueden causar hepatitis, como el virus de la hepatitis A y el de la hepatitis E. Sin embargo, las personas infectadas con estos virus no contraen hepatitis crónica, ni cirrosis; tampoco tienen un mayor riesgo de cáncer de hígado.   Cirrosis. La cirrosis es una enfermedad en la que las células del hígado se han dañado y reemplazado por tejido cicatrizado. Las personas con cirrosis tienen un mayor riesgo de cáncer de hígado. La mayoría (no todas) de las personas que padece cáncer de hígado ya tienen cierta evidencia de cirrosis.   Hígado graso que no se debe al consumo de alcohol. La enfermedad de hígado graso que no se debe al consumo de alcohol, es una afección común en las personas obesas. Las personas con un subtipo de esta enfermedad conocida como esteatohepatitis no alcohólica (NASH) podrían desarrollar cirrosis.   Cirrosis biliar primaria. Algunos tipos de enfermedades autoinmunes que afectan el hígado también pueden causar cirrosis. Por ejemplo, en la cirrosis biliar primaria (PBC), los conductos biliares en el hígado están afectados e incluso destruidos, lo que puede ocasionar cirrosis. Las personas con PBC avanzada tienen un alto riesgo de cáncer de hígado.   Enfermedades metabólicas hereditarias. Ciertas enfermedades metabólicas hereditarias pueden causar cirrosis. Las personas con hemocromatosis hereditaria absorben demasiado hierro del alimento que consumen. El hierro se asienta en tejidos por todo el cuerpo, incluyendo el hígado. Si se acumula suficiente hierro en el hígado, esto puede causar cirrosis y cáncer de hígado.   Consumo excesivo de alcohol. El consumo excesivo de alcohol es una causa principal de cirrosis en los Estados Unidos, lo que se asocia con un riesgo aumentado de cáncer de hígado.   Tabaco. Fumar aumenta el riesgo de padecer cáncer de hígado. Las personas que han dejado de fumar tienen un menor riesgo que los fumadores actuales, aunque ambos grupos tienen un mayor riesgo que las personas que nunca han fumado.   Obesidad. La obesidad (mucho sobrepeso) aumenta el riesgo de padecer cáncer de hígado. Esto probablemente se deba a que puede causar enfermedad del hígado graso y cirrosis.   Diabetes tipo 2. La diabetes tipo 2 ha sido asociada a un mayor riesgo de cáncer de hígado, generalmente en los pacientes que también tienen otros factores de riesgo, tales como consumo exagerado de alcohol, hepatitis crónica viral, o ambos. Este riesgo puede también ser mayor debido a que las personas con diabetes tipo 2 suelen tener sobrepeso o estar obesas, lo que a su vez puede causar problemas hepáticos. Algunas enfermedades que no son frecuentes. Algunas enfermedades que aumentan el riesgo de cáncer de

Tipos de cáncer de hígado

Tipos de Cáncer de Hígado Cáncer de hígado primario. El cáncer que se origina en el hígado se llama cáncer de hígado primario. Existe más de una clase de cáncer de hígado primario. Carcinoma hepatocelular (HCC). El carcinoma hepatocelular (HCC, por sus siglas en inglés) es la forma más común del cáncer de hígado en adultos. Los cánceres hepatocelulares pueden tener distintos patrones de crecimiento: -Algunos comienzan como un tumor único que va creciendo. Sólo cuando la enfermedad es avanzada se propaga a otras partes del hígado. -Otros parecen comenzar con múltiples nódulos pequeños a lo largo y ancho del hígado, y no como un tumor solo. Estos se ven con mayor frecuencia en las personas que tienen cirrosis del hígado.  Los médicos pueden clasificar varios subtipos de HCC. En la mayoría de los casos el subtipo no afecta el tratamiento ni el pronóstico. No obstante, es importante reconocer uno de estos subtipos, el fibrolamelar. Es poco frecuente, ya que constituye menos del 1% de los HCC y se observa con mayor frecuencia en mujeres menores de 35 años. A menudo, el resto del hígado no está afectado. Este subtipo suele tener un mejor pronóstico que otras formas de cáncer hepatocelular. Colangiocarcinoma intrahepático (cáncer de conducto biliar). Alrededor del 10% al 20% de los cánceres originados en el hígado son colangiocarcinomas intrahepáticos. Estos cánceres comienzan en las células que revisten los conductos biliares pequeños (conductos que llevan bilis a la vesícula biliar) dentro del hígado. Sin embargo, la mayoría de los colangiocarcinomas en realidad se originan en los conductos biliares que están fuera del hígado. Angiosarcoma y hemangiosarcoma. El angiosarcoma y el hemangiosarcoma son tipos de cáncer poco comunes que se originan en las células que revisten los vasos sanguíneos del hígado. Las personas que han estado expuestas al cloruro de vinilo o al dióxido de torio (Thorotrast) tienen más probabilidad de padecer estos tipos de cáncer. Se cree que algunos otros casos son causados por la exposición al arsénico o radio, o a una afección hereditaria conocida como hemocromatosis hereditaria. En alrededor de la mitad de todos los casos, no ha podido ser identificada una causa probable. Estos tumores crecen rápidamente y por lo general, para el momento en que se detectan, se han propagado demasiado como para extirparlos quirúrgicamente. La quimioterapia y la radioterapia pueden ayudar a desacelerar la enfermedad, pero estos cánceres son por lo general muy difíciles de tratar. Estos cánceres se tratan como otros sarcomas.   TC de abdomen simple y contrastada. Hígado sin cambios por hepatopatía crónica, con lesiones hipervasculares difusas con realce heterogéneo y progresivo, que comprometen la totalidad del hígado. Su comportamiento se evidencia en las fases dinámicas, viendo como en la fase simple no es posible definir ninguna lesión (A), pero en la fase arterial (B) y portal (C, D) demuestran un patrón concordante con angiosarcoma hepático difuso. Hepatoblastoma. El hepatoblastoma es un tipo de cáncer de hígado poco común que se origina en niños, generalmente los menores de 4 años de edad. Las células del hepatoblastoma son similares a las células fetales del hígado. Alrededor de dos de cada tres niños con estos tumores son tratados exitosamente con cirugía y quimioterapia, aunque los tumores son más difíciles de tratar si se han propagado fuera del hígado. El hepatoblastoma es el tumor hepático más común en niños de 0 a 4 años. Algunos de los síntomas son aumento del abdomen, ictericia, fiebre y anemia. Cáncer secundario del hígado (cáncer del hígado metastásico). . La mayoría de las veces en que se detecta el cáncer en el hígado, no comenzó allí, sino que se propagó (hizo metástasis) desde otra parte del cuerpo, como el páncreas, el colon, el estómago, el seno, o el pulmón. Debido a que este cáncer se ha propagado de su localización original (primaria), se llama cáncer de hígado secundario. A estos tumores se les nombra y trata según el lugar primario (donde se originaron). Por ejemplo, el cáncer que comenzó en los pulmones y se propagó al hígado se llama cáncer de pulmón con propagación al hígado, no cáncer de hígado. También se le conoce como cáncer pulmonar. En los Estados Unidos y Europa, los tumores secundarios del hígado (metastásicos) son más comunes que el cáncer primario del hígado. Lo contrario resulta cierto para muchos lugares de Asia y África. En la metástasis, las células cancerosas se separan del sitio donde se originaron y forman tumores nuevos en otras partes del cuerpo.Fuente: © Terese Winslow Tumores benignos del hígado. Algunas veces, los tumores benignos crecen tanto como para causar problemas, aunque ellos no invaden los tejidos cercanos ni se propagan a partes distantes del cuerpo. Si requieren tratarse, por lo general el paciente puede curarse con cirugía. Hemangioma. . El tipo más común de tumor benigno del hígado se origina en los vasos sanguíneos y se conoce como hemangioma. La mayoría de los hemangiomas del hígado no produce síntomas y no requiere tratamiento. Sin embargo, algunos pueden sangrar y requerir que se extirpen con cirugía. Adenoma hepático. El adenoma hepático es un tumor benigno que surge de los hepatocitos (el tipo principal de célula del hígado). La mayoría no causa síntomas y no requiere tratamiento. Sin embargo, algunos causan síntomas, como dolor o una masa (protuberancia) en el abdomen (en el área del estómago), o pérdida de sangre. Debido a que hay un riesgo de que el tumor se reviente (lo que causaría una hemorragia grave) y un riesgo leve de que se convierta en cáncer de hígado en el futuro, la mayoría de los expertos generalmente recomendará extirpar el tumor, si es posible. El uso de ciertos medicamentos puede aumentar el riesgo de tener estos tumores. Las mujeres tienen una mayor probabilidad de tener uno de estos tumores si toman pastillas anticonceptivas, aunque esta es una complicación que ocurre en pocas ocasiones. Los hombres que usan esteroides anabólicos también pueden padecer estos tumores. Los adenomas pueden reducirse en tamaño cuando se suspenden estos medicamentos. Hiperplasia nodular focal. La hiperplasia nodular focal (FNH) es

Cáncer de hígado

Tratamiento para el Cáncer de Hígado

Cáncer de hígado: Síntomas, causas y avances en el tratamiento médico El cáncer de hígado representa un reto clínico de primer orden en la oncología moderna. Dado que este órgano actúa como el laboratorio central del cuerpo humano, filtrando toxinas y regulando el metabolismo. Cualquier proliferación celular maligna en su tejido puede desestabilizar por completo el equilibrio del organismo. Comprender esta enfermedad no es solo una cuestión médica, sino una necesidad para quienes buscan opciones de prevención y recuperación efectivas. En las últimas décadas, la medicina ha dado pasos agigantados para pasar de diagnósticos desalentadores a soluciones tecnológicas de mínima invasión. Este artículo analiza los aspectos fundamentales de la enfermedad, desde su origen biológico hasta las terapias de vanguardia que están cambiando el pronóstico de miles de pacientes alrededor del mundo. ¿Qué es el cáncer de hígado y cómo se desarrolla? El cáncer de hígado se origina cuando las células hepáticas sufren mutaciones en su ADN, lo que provoca que crezcan de manera descontrolada y formen una masa de tejido conocida como tumor. El tipo más frecuente de cáncer primario es el carcinoma hepatocelular, el cual comienza en los hepatocitos, las células principales del hígado. Es una enfermedad que, por lo general, se desarrolla de forma lenta y progresiva, aprovechando tejidos previamente dañados por otras afecciones. Es fundamental distinguir entre el cáncer que nace en el hígado y el cáncer metastásico. Este último ocurre cuando células malignas de otros órganos, como el colon, el pulmón o el páncreas, viajan a través del torrente sanguíneo y se alojan en el tejido hepático. Aunque el órgano afectado sea el mismo, el tratamiento y la naturaleza de las células son completamente distintos, lo que exige un diagnóstico diferencial preciso para determinar el camino a seguir. La progresión de la enfermedad suele estar ligada a la capacidad de regeneración del propio órgano. El hígado es famoso por su resiliencia, pero esta misma capacidad puede volverse en su contra cuando las células intentan reparar daños crónicos y terminan generando errores genéticos. Entender este mecanismo es el primer paso para valorar la importancia de un monitoreo constante, especialmente en pacientes con antecedentes de riesgo. Tipos de cáncer de hígado Existen diversas variantes de esta enfermedad. El tipo más común es el carcinoma hepatocelular, originado en las células hepáticas principales. Otro tipo relevante es el colangiocarcinoma, que comienza en los conductos biliares encargados de transportar la bilis hacia el intestino. También existen los angiosarcomas, que nacen en los vasos sanguíneos del hígado. Estos suelen crecer de manera muy agresiva. Finalmente, el cáncer metastásico ocurre cuando células de otros órganos se desplazan y se alojan en el tejido hepático. Principales causas y factores de riesgo asociados Una de las causas más comunes detrás del desarrollo del cáncer de hígado es la presencia de infecciones virales crónicas. Las hepatitis B y C son responsables de una gran parte de los casos a nivel global, ya que provocan una inflamación persistente que degenera el tejido sano. Con el paso de los años, esta inflamación debilita las defensas celulares y crea un entorno propicio para la aparición de tumores malignos. Por otro lado, el estilo de vida desempeña un papel determinante en la salud hepática. El consumo excesivo de alcohol durante periodos prolongados conduce inevitablemente a la cirrosis, una condición donde el tejido funcional es reemplazado por cicatrices permanentes. Asimismo, el aumento de casos de hígado graso no alcohólico, vinculado a la obesidad y la diabetes tipo 2, se ha convertido en una preocupación creciente para la comunidad médica internacional. Finalmente, factores externos como la exposición a toxinas específicas, entre las que destacan las aflatoxinas producidas por ciertos hongos en cultivos mal almacenados, también pueden desencadenar la enfermedad. Del mismo modo, trastornos hereditarios como la hemocromatosis, que causa una acumulación excesiva de hierro en el cuerpo, incrementan la vulnerabilidad del paciente. Identificar estos riesgos a tiempo puede marcar la diferencia entre la prevención y un tratamiento reactivo. Síntomas y detección temprana del cáncer de hígado El mayor peligro del cáncer de hígado radica en su carácter silencioso durante las etapas iniciales. En muchos casos, los pacientes no experimentan molestias significativas hasta que el tumor ha alcanzado un tamaño considerable o ha comenzado a obstruir los conductos biliares. Esta falta de señales tempranas subraya la necesidad de realizar chequeos preventivos si se sabe que existen factores de riesgo preexistentes.  Algunos síntomas pueden ser: Pérdida de peso (sin tratar de bajar de peso). Pérdida del apetito. Sensación de llenura tras comer poco. Náuseas o vómitos. Un agrandamiento del hígado (abultamiento debajo de las costillas del lado derecho). Un agrandamiento del bazo (abultamiento debajo de las costillas del lado izquierdo). Dolor en el abdomen (vientre) o cerca del omóplato derecho. Hinchazón o acumulación de líquido en el abdomen. Coloración amarillenta de la piel y los ojos (ictericia). Si se llegarán a presentar uno o más de los síntomas que se mencionan anteriormente, no significa que usted tenga cáncer en el hígado. Sin embargo, es importante considerar todos los factores de riesgo asociados y realizar consultas médicas recurrentes para descartar cualquier otro tipo de problema de salud o en su caso, contar con un diagnóstico certero. El proceso diagnóstico actual integra tecnología de punta para identificar la enfermedad con exactitud. Los especialistas suelen iniciar con análisis de sangre para detectar niveles elevados de la proteína alfa-fetoproteína (AFP), seguidos de estudios de imagen como la tomografía computarizada o la resonancia magnética. En casos donde existe duda, se realiza una biopsia para extraer una pequeña muestra de tejido y analizar su naturaleza exacta bajo el microscopio. Tratamientos tradicionales Históricamente, el manejo del cáncer de hígado se ha centrado en la cirugía de resección y el trasplante hepático tradicional. La resección extirpa el tumor quirúrgicamente. Es invasiva, requiere una función hepática óptima y conlleva periodos de recuperación muy prolongados. El trasplante es la solución definitiva. Sin embargo, su acceso es limitado por la baja disponibilidad de donantes y criterios médicos. La quimioterapia y radioterapia tradicionales suelen fallar

Cáncer en el hígado

cáncer Hígado

Cáncer en el Hígado. Es importante considerar las causas, síntomas y complicaciones que tiene el Cáncer de Hígado. El hígado es el órgano interno más grande del cuerpo humano y pesa aproximadamente 1,5 kg. Embriológicamente se desarrolla a partir del intestino anterior y se extiende por la parte superior derecha y parte de los cuadrantes abdominales izquierdos. Anatómicamente, el hígado consta de cuatro lóbulos: dos más grandes (derecho e izquierdo) y dos más pequeños (cuadrado y caudado). Histológicamente hablando, tiene una estructura microscópica compleja, que se puede ver desde varios ángulos diferentes. Fisiológicamente hablando, el hígado también realiza muchas funciones esenciales y es tu mejor amigo cuando disfrutas de unas cervezas con tus amigos. Funciones del Hígado El hígado realiza varias funciones importantes en el cuerpo humano, como se indica a continuación: Síntesis de proteínas plasmáticas: albúminas, lipoproteínas, glucoproteínas, protrombina, fibrinógeno Almacenamiento y modificación de vitaminas: vitaminas A, D y K Almacenamiento y metabolismo del hierro: transferrina, haptoglobina, hemopexina, ferritina Degradación de drogas y toxinas Producción de bilis Metabolismo de los carbohidratos Cáncer del Hígado  Cuando el cáncer se desarrolla en el hígado, destruye e interfiere con la capacidad del hígado para funcionar normalmente. El cáncer de hígado generalmente se clasifica como primario o secundario. El cáncer de hígado primario comienza en las células del hígado. El cáncer de hígado secundario se desarrolla cuando las células cancerosas de otro órgano se diseminan al hígado. A diferencia de otras células del cuerpo, las células cancerosas pueden desprenderse del sitio primario o del lugar donde comenzó el cáncer.   Las células viajan a otras áreas del cuerpo a través del torrente sanguíneo o el sistema linfático. Las células cancerosas eventualmente se acumulan en otro órgano del cuerpo y comienzan a crecer allí. Los diferentes tipos de cáncer de hígado primario se originan a partir de las diversas células que forman el hígado. El cáncer de hígado primario, puede comenzar como un solo bulto que crece en el hígado o puede comenzar en muchos lugares dentro del hígado al mismo tiempo.   Las personas con daño hepático severo tienen más probabilidades de tener múltiples sitios de crecimiento del cáncer. Los principales tipos de cáncer de hígado primario son: Carcinoma hepatocelular El carcinoma hepatocelular (CHC), también conocido como hepatoma, es el tipo más común de cáncer de hígado y representa el 75% de todos los cánceres de hígado.Esta condición se desarrolla en los hepatocitos, que son las células hepáticas predominantes. Puede extenderse desde el hígado a otras partes del cuerpo, como el páncreas, los intestinos y el estómago.Es mucho más probable que el CHC ocurra en personas que tienen daño hepático severo debido al abuso de alcohol. Colangiocarcinoma El colangiocarcinoma, más comúnmente conocido como cáncer de vías biliares, se desarrolla en los conductos biliares pequeños en forma de tubo en el hígado. Estos conductos transportan la bilis a la vesícula biliar para ayudar con la digestión. Cuando el cáncer comienza en la sección de los conductos dentro del hígado, se denomina, cáncer de vías biliares intrahepáticas. Cuando el cáncer comienza en la sección de los conductos fuera del hígado, se denomina cáncer de vías biliares extrahepáticas.El cáncer de vías biliares representa aproximadamente del 10 al 20% de todos los cánceres de hígado. Angiosarcoma de hígadoEl angiosarcoma de hígado es una forma poco común de cáncer de hígado que comienza en los vasos sanguíneos del hígado. Este tipo de cáncer tiende a progresar muy rápidamente, por lo que generalmente se diagnostica en una etapa más avanzada. Hepatoblastoma El hepatoblastoma es un tipo de cáncer de hígado extremadamente raro. Casi siempre se encuentra en niños, especialmente en los menores de 3 años. Componentes histológicos El hígado consta de los siguientes componentes histológicos principales:Parénquima, que está representado por hepatocitos.Estroma, que es una continuación de la cápsula circundante de Glisson. Consiste en tejido conectivo y contiene los vasos. La cápsula también está cubierta por una capa de mesotelio, que surge del peritoneo que cubre el hígado. El tejido conectivo del estroma es colágeno tipo III (reticulina), que forma una red que proporciona integridad a los hepatocitos y sinusoides.Estructura En términos histológicos, el hígado consta de una gran cantidad de unidades funcionales microscópicas que funcionan al unísono para garantizar la actividad general y adecuada de todo el órgano. Hay tres formas posibles de describir una de esas unidades, como se indica a continuación: Lóbulo hepático (clásico) Lóbulo portal Acino hepático Lóbulo hepático (clásico) Lóbulo clásico El lóbulo clásico es la descripción tradicional y de la que probablemente haya oído hablar más. Consiste en placas hexagonales de hepatocitos apilados uno encima del otro. Dentro de cada placa, los hepatocitos se irradian hacia afuera desde una vena central. A medida que se extienden hacia la periferia, los hepatocitos se disponen en tiras, similares a los radios de una rueda de carro. Los sinusoides hepáticos viajan entre las tiras de hepatocitos y drenan hacia la vena central. Un canal portal se encuentra en cada esquina del lóbulo clásico hexagonal, lo que hace un total de seis para cada lóbulo. Estos canales portales están compuestos por las tríadas portales, que están rodeadas por tejido conectivo estromal laxo. Un espacio periportal (espacio de Mall), donde se produce la linfa, se intercala entre el tejido conectivo de los canales portales y los hepatocitos.   Si bien el tejido conectivo está presente alrededor de los canales portales, la cantidad interlobulillar es muy pequeña en los humanos. Esto puede dificultar las visualizaciones histológicas de rutina del lóbulo clásico. Lóbulo portal Mientras que la función clásica del lóbulo se centra en el suministro de sangre y la disposición de la masa hepática, la función del lóbulo portal subraya la función exocrina del hígado, es decir, la secreción de bilis. En este caso, cada unidad funcional es un triángulo, que tiene un eje central a través de un campo de portal y los vértices imaginarios a través de los tres canales portales diferentes, pero más cercanos que lo rodean. El área cubierta por el triángulo representa las regiones