Aunque los nódulos tiroideos generalmente no son cancerosos (benignos), algunos aún pueden serlo. Por ello, es importante evaluarlos, ya que si se tratase de un cáncer de tiroides se podría tratar desde sus primeras etapas.
Los nódulos son la patología más común de la glándula tiroides. Su incidencia en la población está entorno al 7-19%, especialmente en mujeres (6 veces más que en varones) o si hay antecedentes en la familia.
Los especialistas en Endocrinología suelen emplear distintos términos para describir los nódulos tiroideos según sus características de aspecto, actividad o composición.
Cuando tras las pruebas diagnósticas no se identifican otros nódulos. Puede ser un indicio de sospecha de cáncer tiroideo, entre un 5-10% de los nódulos solitarios lo son.
Se trata de un conglomerado de varios nódulos que pueden encontrarse en ambos lóbulos de la glándula. El bocio multinodular suele combinar nódulos y quistes tiroideos. En el bocio multinodular, la función tiroidea suele ser normal, aunque un pequeño número de pacientes desarrolla hipotiroidismo.
Cuando en la exploración física o en la ecografía se observa un nódulo dominante (de mayor tamaño que los demás), se solicitará la realización de una punción aspiración con aguja fina (PAAF) para descartar la posible malignidad. El riesgo de cáncer de tiroides es el mismo en un nódulo único que en un nódulo dominante de un bocio multinodular.
Si el contenido es celular, con poco líquido o coloide (hormona tiroidea almacenada), tienen mayor probabilidad de ser cancerosos, aunque la mayoría de los nódulos son benignos. Los nódulos sólidos pueden tener demasiadas células, en cuyo caso se denominan adenomas.
El nódulo contiene líquido y células. Si es muy grande, existen tratamientos para evacuar parte del contenido y así aliviar posibles molestias.
Cuando están llenos de líquido, suelen ser nódulos benignos. Se manifiestan como un abultamiento del cuello de crecimiento rápido, de consistencia elástica o blanda. El quiste de tiroides suele ser único y benigno.
También llamados adenomas tóxicos, producen hormonas tiroideas de manera autónoma, pudiendo provocar hipertiroidismo. Pueden aparecer de forma solitaria o en un bocio multinodular.
Pueden detectarse de manera incidental en análisis hormonales, donde se observa un aumento de T3 y T4 junto con un descenso de TSH.
La confirmación se realiza mediante una gammagrafía, en la cual se demuestra que el nódulo capta yodo radioactivo. Los adenomas tóxicos son benignos.
Son nódulos inactivos que no producen hormonas tiroideas. Se identifican mediante gammagrafía, donde absorben menos material radiactivo que el resto del tejido tiroideo.
Los nódulos fríos pueden ser benignos o malignos.
Describe nódulos de baja densidad, generalmente de contenido líquido o grasa. En la mayoría de los casos se trata de nódulos benignos.
Es indicativo de una lesión sólida que convendrá estudiar para descartar su malignidad.
Su probabilidad de malignidad es prácticamente nula. El nombre describe su apariencia debido a múltiples espacios quísticos y sólidos, lo que le da aspecto de esponja o panal de abejas.
Más del 90% de los nódulos tiroideos son benignos. Son los que pueden beneficiarse de tratamientos con la finalidad de eliminarlos, contener su crecimiento y evitar que puedan malignizarse.
Estos tratamientos pueden ir desde los mínimamente invasivos hasta los no invasivos, como el HIFU (Ultrasonidos de Alta Intensidad Focalizados), que de manera ambulatoria permite tratarlos de forma segura y eficaz sin efectos secundarios.
Su prevalencia oscila entre el 5% y el 10%, aunque en el caso de nódulos fríos estas cifras pueden llegar hasta el 17%. Los tumores suelen ser pequeños y, a pesar de presentar un curso lento y asintomático, pueden producir metástasis e incluso conducir a la muerte.
El cáncer de tiroides se diagnostica comúnmente a una edad más temprana en comparación con la mayoría de los otros cánceres que afectan a los adultos.
Sólo unos pocos nódulos tiroideos se deben a cáncer de tiroides. Son más frecuentes en el género masculino y se cree que existen factores que incrementan el riesgo de padecerlo, como los antecedentes familiares de cáncer de tiroides o la exposición a radiación en cabeza o cuello.