La glándula tiroidea, una pequeña glándula que mide alrededor de 5 centímetros (cm) de diámetro, está situada bajo la piel del cuello, por debajo de la nuez de Adán (llamada también bocado de Adán).
Las dos mitades (lóbulos) de la glándula tiroidea están conectadas en su parte central (istmo), lo que le da el aspecto de una corbata de lazo.
Las dos mitades (lóbulos) de la glándula tiroidea están conectadas en su parte central (istmo), lo que le da el aspecto de una corbata de lazo.
Por lo general, no se puede ver ni apenas percibir. Sin embargo, si aumenta de tamaño, se palpa con facilidad como un bulto prominente (bocio) que aparece debajo o a los lados de la nuez de Adán.
Esta glándula segrega las hormonas tiroideas, que regulan la velocidad a la que tienen lugar los procesos químicos del organismo (índice metabólico).
Las hormonas tiroideas influyen en el índice metabólico de dos maneras: por un lado, estimulan casi todos los tejidos del organismo para que produzcan proteínas; por otro, incrementan la cantidad de oxígeno que utilizan las células.
Además, las hormonas tiroideas afectan a muchas funciones corporales vitales, como la frecuencia cardíaca, la velocidad de combustión de las calorías, el mantenimiento de la piel, el crecimiento, la producción de calor, la fertilidad y la digestión.
Los nódulos tiroideos (NT) son tremendamente comunes, siendo la mayoría de ellos no palpables y menores de 1.5 cm.
En términos generales, son más frecuentes en mujeres, en la edad avanzada, en áreas de carencia de yodo y en personas que han sido sometidas a radioterapia en la región del cuello.
La inmensa mayoría de los nódulos tiroideos son benignos. Sin embargo, algunos pacientes pueden requerir una evaluación más completa para excluir un cáncer tiroideo, que estaría presente en aproximadamente un 5% de todos los NT.
Durante los últimos años, el descubrimiento incidental de nódulos tiroideos se ha convertido en un hecho extraordinariamente común, debido a las mejores tecnologías en imágenes
Los nódulos tiroideos se pueden encontrar en estudios de tomografía axial computada de tórax o cuello por enfermedades no tiroideas, en eco Doppler de carótidas o en ecotomografías de cuello realizadas por problemas ganglionares, de glándulas salivares o de paratiroides.
Dada la alta prevalencia de nódulos tiroideos en la población general y, por el contrario, la baja frecuencia de cáncer tiroideo en las personas con nódulos, el desafío que enfrentamos es decidir en quién utilizar las técnicas actuales de diagnóstico y cuándo se justifica una terapia médica o quirúrgica.
El factor más importante del crecimiento del tiroides y, por lo tanto, la principal causa de la aparición de nódulos en el tiroides, son las alteraciones hormonales. Así pues, si te estás preguntando «¿por qué tengo nódulos en la tiroides?», lo más probable es que sea este el motivo.
Por un lado, está el incremento de TSH (hormona estimulante del tiroides), que causa un crecimiento excesivo de tejido tiroideo normal (adenoma).
Por otro lado, la deficiencia de yodo en la dieta suele producir un crecimiento de la glándula, desarrollando varios nódulos o constituyendo un bocio multinodular.